FIESTAS DE GRAUS 2017


Las fiestas en honor al Santo Cristo y San Vicente Ferrer se celebran entre el 12 y el 15 de septiembre. Durante esos días, las calles y plazas de Graus se llenan de una serie de actos populares en los que se refrenda la vitalidad de un ritual único por su diversidad y universalidad.
Estas fiestas recibieron la calificación de Interés Turístico Nacional en 1973, al constituir una manifestación festiva que combina la antigüedad de algunos de sus elementos con la evolución y adaptación de otros con el paso de los siglos. Y es que las Fiestas de Graus son especiales, sobre todo por el espectacular catálogo de actos religiosos y profanos que las conforman, todo un universo festivo en el que destaca la riqueza antropológica de sus ritos tradicionales.
Las Fiestas de Graus se componen de variados y singulares actos. Los más destacados de ellos son la ruidosa espera de la gaita, las solemnes procesiones de los santos patronos, las atractivas actuaciones de los dances, las esperpénticas acciones de cabezudos, gigantes, caretas y caballez, la sátira de la Mojiganga, la tradicional Pllega, o el canto de las Albadas.

FIESTAS DE GRAUS - PASIÓN POR LA TRADICIÓN

video

Material fotográfico del blog: Juan Álvarez, Esther Naval, Eduardo Lecina, Aitor Tellechea, Ricardo Pallás, Sergio Clavería, Jonathan Varela, Cristina Echevarría, José Manuel Betato y Museo de Historia y Tradición.

Material audiovisual del blog: Taller de Fieras.

Textos del blog: José Manuel Betato, José Antonio González, Jorge Mur y Josefina Roma.

Galería





















  



Merchandising

Para arropar la candidatura a Patrimonio de la Humanidad de las Fiestas de Graus, se ha preparado una campaña denominada "Pasión por la Tradición".

La campaña consiste en la edición de un DVD con montajes de vídeos de diferentes minutos en HD (hasta uno de 40 min donde hace un recorrido por toda la fiesta) y un libreto de 60 hojas con fotos de la fiesta.


Apoyando esta campaña se han realizado unas bolsas promocionales y una tirada de camisetas (varias tallas chico-chica y niño) con el logotipo; carteles para las tiendas y comercios; así como la presencia de elementos de la fiesta y de la campaña en la propia oficina de turismo.


La campaña se lleva a cabo conjuntamente entre el Museo de Historia y Tradición y el Ayuntamiento de Graus.


LIBRO-DVD FIESTAS DE GRAUS. PASIÓN POR LA TRADICIÓN
Duración aproximada: 60 minutos.
Idiomas: castellano e inglés.
Precio 10 €.


CAMISETAS FIESTAS DE GRAUS. PASIÓN POR LA TRADICIÓN
Todas las tallas para hombre, mujer y niño desde los 3 años.
Precio 10 €.



BOLSAS FIESTAS DE GRAUS. PASIÓN POR LA TRADICIÓN
Bolsas promocionales para la compra.
Precio 1'50 €.
 


A la venta en la Oficina de Turismo y en el Museo de Historia y Tradición.
Más información en graus@turismograus.com

Identidad

LA LENGUA

Rasgo cultural de ineludible valor que acompaña especialmente a la celebración de las Fiestas de Graus es la lengua local, el grausino.

El grausino es una variedad local del aragonés ribagorzano. En la edición 2009 del Atlas de las lenguas en peligro del mundo elaborado por la UNESCO, el aragonés aparece como una lengua en peligro, aunque probablemente el grado que en realidad la define sería todavía más negativo. En ese atlas aparecen como cabeceras demográficas de esta zona lingüística las poblaciones de Sabiñánigo y Graus.

El aragonés ribagorzano es una lengua hablada por en torno a 4.000 personas de una franja territorial que va desde el municipio ribagorzano de Campo al norte a los de Estadilla (Somontano) y Fonz (Cinca Medio) al sur, y que tiene en las localidades de La Puebla de Castro y Capella sus límites tradicionales al oeste y este, respectivamente, y donde Graus es la capital de esa zona lingüística.

Es una lengua procedente directamente del latín, como el castellano o el catalán, con rasgos de ambas y también influencias del francés, y que ha pervivido con mayor o menor pureza en función del territorio concreto. En el caso de Graus, la transmisión generacional se está perdiendo gravemente en las últimas décadas, y son las Fiestas de Graus el marco temporal en el que la lengua parece reivindicarse, levemente, año a año.

Así, puede encontrarse en la base de algunos de los actos tradicionales de las Fiestas de Graus, y se presenta cotidianamente en la representación de la Mojiganga, en el canto de las albadas, y en el programa de fiestas, el conocido como Llibré.

LOS GESTOS

Hay elementos de las Fiestas de Graus que perviven en el tiempo aún cuando terminan.

El día 14, festividad del Santo Cristo, los hermanos de la Cofradía del Santo Cristo de San Vicente Ferrer recorren el pueblo en la tradicional Pllega o Llega. Los danzantes, bailando al cadencioso son del “Amadruga” y acompañados por los disparos de los trabuqueros, les acompañan en esta antiguo ritual tan extendido. En él repllegan o recogen los donativos de los vecinos (dinero, alimentos,…), lo que servirá para el mantenimiento de la cofradía y sus obligaciones. A cambio, los cofrades, ofrecen los cordonez bendecidos.

El cordoné, como su nombre indica, es un cordón de hilo, coloreado con el rojo y el amarillo de la bandera de Aragón. Se coloca normalmente en la muñeca con un doble significado: amuleto protector y símbolo identitario de los grausinos. El cordoné, muy extendido entre visitantes y amantes de las fiestas de Graus, ejerce de señal reconocible para todas estas personas en cualquier parte del mundo.


También son gestos consustanciales a la fiesta los estímulos para otros sentidos, y así no hay fiesta sin el olor de la albahaca o el estruendo de los trabucos y cohetes.

LA GASTRONOMÍA

Por supuesto, la comida forma parte ineludible de la fiesta.

En Graus, uno de los platos más apegados a la celebración de la fiesta son las chiretas. Éstas están elaboradas con tripa de cordero, que sirve para envolver una masa compuesta por arroz, embutido, vísceras, ajo, perejil y otras especias. La tradición marca que sean degustadas en las casas del pueblo durante la comida del 12 de septiembre.

También, la variada gama de productos procedentes del cerdo dan a Graus una buena fama gastronómica, que puede comprobarse durante los días de la fiesta.

EL COMPROMISO

Ésta es la palabra clave para definir el sentimiento grausino por sus tradiciones festivas. Estas no pueden entenderse sin la participación y el soporte de los vecinos de Graus, sobre todo de las nuevas generaciones, las que hacen posible que las fiestas no se pierdan o debiliten. Para cada uno de los actos, en cada uno de los grupos que componen la fiesta, existe detrás un apoyo especial por el sentir de los grausinos de todas estas generaciones.

El futuro de sus bailes está hoy asegurado por el esfuerzo hecho con los jóvenes y con los niños, intérpretes de los bailes infantiles durante la mañana del 15 de septiembre, a quienes se les inculca sobre la importancia de perpetuar el legado de la fiesta. 


Y esa es una labor encomiable de los distintos grupos que hacen posible la fiesta: el grupo de Dances y Albadas, la Cofradía del Santo Cristo, la Mojiganga, la Banda de Música, etc., a los que hay que sumar el trabajo eventual de los repatanes de barrios nombrados cada año, las peñas de jóvenes y cada una de las familias grausinas implicadas en el desarrollo de la fiesta.

La creación de un grupo de trabajo que coordine todos los esfuerzos colectivos y particulares ha cristalizado en la creación del Consejo de Fiestas de Graus, activo desde principios de 2009, y para el que es objetivo primordial trabajar en la preparación de un proyecto de candidatura de estas fiestas para su catalogación como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO.

Todo ese apoyo popular puede también palparse en el portal Facebook de las Fiestas de Graus, que cuenta con varios cientos de simpatizantes.

La misma historia ha ayudado a garantizar un futuro próspero para las Fiestas de Graus, adaptando sus fechas de celebración al momento adecuado dentro del calendario agrícola, al final de la siega. Igualmente hoy, suponen un claro punto de inflexión en la vida cotidiana del pueblo al tener lugar al final del verano, temporada de mayor actividad económica del año, y justo antes del inicio del curso escolar.

Comparsa

En muchos de los elementos anteriores se observa una íntima relación con las celebraciones de Carnaval, y todavía son más evidentes en las figuras que aquí relacionamos:

La comparsa de gigantes y cabezudos. Son muy habituales en Aragón, y aunque hay otras más conocidas, la de Graus es, quizá, la más singular. 


Los distintos personajes que la componen, los gigantes, el jefe cabezut, los cabezudos, los caballez, y las caretas, no solamente persiguen a los críos, sino que también incordian a los mayores, sobre todo a las mozas y a los forasteros. Durante la procesión religiosa y en medio de los bailes de la plaza, éstos ejecutan sus imitaciones y parodias, que siempre finalizan con el estallido de petardos en el interior de una o varias sandías. Esto provoca un estallido, también de color, que suele salpicar a más de un desprevenido de entre el público.

Las caretas son el Furtaperas y el Furtapruns, dos forajidos de la fiesta. Estos personajes son los auténticos dinamitadores de las procesiones religiosas, levantando en volandas a las mozas, subiendo a los balcones por las fachadas, etc.

Los cabezudos, con sus grandes testas, realizan parodias junto a las caretas y reflejan personajes, culturas, ... llevadas hasta la exageración.


Los caballez, como su nombre indica, son caballos montados por jinetes armados con  fustas que terminan en un cordel de cuero que golpean contra el suelo, provocando un ruidoso petardeo durante las procesiones.

Por último, los gigantes son figuras de gran tamaño movidas desde el interior por personas que acompañan los bailes en la plaza y desfilan por el pasacalles del inicio de las fiestas. Se encuentran documentados entre los gastos del Ayuntamiento desde, al menos, mediados del siglo XVIII, cuando eran denominados la Giganta y el Ministro. Actualmente, estas figuras se han ampliado a cuatro y representan a dos personajes históricos universales, los Reyes Católicos, y dos más localistas, los amantes de la leyenda grausina Rodrigo y Marica.

Oficios religiosos

Los actos religiosos de las Fiestas comienzan el propio día 12 por la tarde. Tras la espera de la gaita y la albada a Vicente Ferrer, en la capilla del Santo Cristo de la parroquial de San Miguel se celebra la tradicional ofrenda de frutos al Santo, cuando se canta la segunda albada dedicada al santo patrón.

Además de este rito, dos son las procesiones que tienen lugar durante las Fiestas de Graus: la dedicada a San Vicente Ferrer, que se celebra el día 13, y la del día 14, ofrecida al Santo Cristo.

Las procesiones son los trayectos que se realizan por las calles del pueblo, catalogado como Conjunto Histórico-Artístico desde 1975, y en las que aparecen algunos elementos que se repetirán a lo largo de los días festivos, como los bailes de las espadas o la comparsa de los cabezudos y caretas, acompañados en todo momento por la sobriedad del cortejo de los santos patronos.

En primer lugar, y abriendo estas procesiones, están los cabezudos y caretas, que van molestando, estorbando y haciendo travesuras a la gente que aguarda desde los balcones o en la propia calle. A continuación, los danzantes de espadas interpretan, al son de la gaita, una reducción del baile de la Cardelina.



El itinerario de las procesiones no parece haber sufrido modificaciones desde la creación de la Cofradía del Santo Cristo de San Vicente Ferrer en el siglo XV. Uno de los momentos más emotivos es cuando se efectúa una parada frente a la posada donde tomó hospedaje el santo valenciano, instante en el que se venera la imagen que está en la fachada del edificio.

Las dos procesiones finalizan en las iglesias de Santa María de la Peña y de San Miguel respectivamente, donde se celebran las correspondientes misas.

LAS COFRADÍAS

La huella dejada por Vicente Ferrer en Graus fue profunda, y pronto llevó a las parroquias de la villa a promover la instauración de la penitente procesión de la disciplina, la que él proclamaba. Se estableció casi inmediatamente, seguida de la creación a tal efecto de una cofradía, que también tendría la misión de mantener el culto al crucifijo del fraile valenciano, que posteriormente iría ganando peso entre las fiestas populares de Graus (Santa Cruz, 14 de septiembre), convirtiéndose también en fiestas patronales al trasladar a la víspera (13 de septiembre) la festividad de San Vicente Ferrer tras su beatificación.

La Cofradía está compuesta por un Prior y Hermanos. El primer domingo de agosto el Prior convoca a los Hermanos a Capítulo. En él se lleva a cabo el pase de cuentas, se atienden los ruegos y preguntas y se estudian las solicitudes de los candidatos a Hermanos que desean cubrir las vacantes de los fallecidos en este último año hasta completar el número de cien miembros, y según dicta su reglamento.



Durante mucho tiempo, en la Cofradía del Santo Cristo de San Vicente Ferrer ha recaido una gran responsabilidad en la realización del programa de las Fiestas de Graus. Hoy se encargan del culto de ambos patrones en misas y procesiones.

LAS RELIQUIAS

Corría el año 1415 cuando el dominico valenciano Vicente Ferrer, en su camino hacia Francia, y lo mismo que hiciera en otras poblaciones del entorno, vino a recalar en Graus. Aquí, además, pudo llegar invitado por un íntimo amigo, el también compromisario en Caspe, el grausino Berenguer de Bardaxí.

En Graus su visita levantó una expectación inédita, y realizó, al menos, un encendido pregón desde un catafalco ubicado en la falda de la Peña, bajo la parroquia de Santa María, y en el lugar hoy conocido como predicadera de San Vicente. Antes de su marcha, Vicente legó a la villa la valiosa reliquia de su cruz misional, y que, según la tradición, habría acompañado al santo en sus múltiples correrías apostólicas.

Dentro de la Iglesia de San Miguel está la Capilla del Santo Cristo, levantada hacia 1.730 para dar cobijo al crucifijo, y que continúa gozando de gran devoción entre los grausinos. El cristo es una talla del siglo XV, vestido con un faldón de terciopelo de colores variables según la liturgia, de modo que posee gran cantidad de manticos.



La historia y leyenda que arroja esta reliquia se explica en las siguientes líneas.

Al pasar por Graus, San Vicente Ferrer dejó un crucifijo en esta localidad: ...por la virtud de este crucifijo que aquí dejo...-comunicó al pueblo-...jamás entrará la peste en la población, los pedriscos pasarán de largo y en las sequías no faltará agua...

En ese proceso de aculturación sufrido por los antiguos ritos con la adopción del Cristianismo, y como hemos visto, distintas acciones relacionadas con la tierra y sus trabajos fueron asumidas por el calendario y gestualidad eclesiásticas. Así, los miembros de la Cofradía del Santo Cristo subían la cruz hasta el lugar llamado esconchuradó, y volteándolo rezaban en común mientras la campana de la capilla no dejaba de sonar... Y esto lo hacían para asegurar el agua a los campos, protegiéndolos de las tormentas, y como habían hecho antes los primeros sacerdotes, y después el vicario de la basílica de La Peña hasta hace escasas décadas.

...en otra ocasión, con motivo de una gran crecida del río Ésera que amenazaba con desbordarse, poniendo en peligro la parte baja del pueblo, se sacó el Santo Cristo en procesión y se llevó hasta la orilla misma del río... los que asistieron cuentan que seguidamente el nivel de las aguas comenzó a descender. Agradecidas por el milagro, las devotas gentes de Graus quisieron halagar al Cristo del crucifijo con una corona de plata, pero las tres veces que intentaron ponérsela acabó la corona en el suelo. Al parecer, la imagen prefería la humilde corona de espinas que llevaba.

El Llibré

Anunciar la fiesta es una necesidad.

El programa de las Fiestas de Graus, conocido popularmente como el Llibré -libro en ribagorzano-, se viene publicando casi de manera ininterrumpida desde 1910. Por ello, es uno de los más representativos de Aragón y constituye una seña de identidad esencial de las fiestas de la localidad.
 

El Llibré, que surgió, como en todos los casos, para anunciar el programa de actos festivos, ha ido enriqueciéndose progresivamente de una serie de contenidos fijos, que vistos desde el presente constituyen una radiografía de la vida cotidiana en Graus durante el último siglo.

Así, ha sido creciente la presencia de contenidos publicitarios, décadas atrás también redactados en grausino. Por otro lado, son permanentes los saludos de las distintas autoridades civiles y eclesiásticas, así como la representación de los diferentes barrios a través de sus repatanes y repatanas. Por último, el Llibré constituye la publicación anual de todos los vecinos, y éstos utilizan sus páginas para enaltecer sus propias fiestas o aspectos, personas o lugares específicos de Graus y su idiosincrasia. Gracias a estos textos, muchos de ellos en ribagorzano, podemos observar la evolución cuantitativa y cualitativa de la lengua durante este siglo.

Para adaptar esta realidad y acervo cultural a los tiempos actuales, el Llibré dispone hoy de una página web en internet, el blog http://llibredegraus.blogspot.com, en el que pueden encontrarse los más interesantes de estos escritos.
 
En cuanto al diseño de la portada de ese Llibré como del cartel anunciador de las Fiestas, son elegidos mediante un concurso popular muy concurrido.
 

 

La Mojiganga

Podría resumirse diciendo que la Mojiganga es un singular espectáculo satírico-burlesco que repasa, pormenorizadamente, la vida de la localidad durante el último año.


Una parte de los elementos de la Mojiganga procede del mundo pagano: la animalización o uso de máscaras, las danzas y el juicio de los dioses, que después será de los reyes. Según la antropóloga Josefina Roma, esta representación es “una de las traslaciones más claras a un momento complementario a Carnaval y que justifica plenamente la hipótesis de la simetría del año”.

El siglo XVIII supone el momento de mayor esplendor de la Mojiganga como carnaval. A partir del XIX la mentalidad carnavalesca decae, hasta que en el XX desaparece la conciencia de que es todo el pueblo el que debe participar en la exaltación colectiva y se convierte sobre todo en un espectáculo para ser visto.

Las interrupciones sufridas por la Mojiganga han sido varias: de 1809 a 1813 debido a la invasión francesa, y desde 1834 a 1838 por las malas cosechas y hambrunas. El gobierno de Primo de Rivera también la prohibió, no recuperándose hasta 1979, año desde el que se celebra puntualmente cada 13 de septiembre.

La Mojiganga se precede de un pasacalles por la localidad, cuya comitiva es presidida por los Reyes de la Mojiganga. Les acompañan máquinas y figuras que destacaban por su movilidad y por el alboroto que provocaban a su paso. Esos aparatos son la tarasca y el estafermo. Éste último es un muñeco que gira sobre un eje pivotante y que abre los brazos repartiendo golpes para hacerse paso entre la gente.



En el juicio bufo de la Mojiganga, los Reyes consideran las demandas que les presentan los vecinos, a las que responden con soluciones absurdas. Hay que recordar que este evento constituye un breve período de liberación, de abolición de los estamentos y jerarquías. El espectáculo se centra en un ambiente de caricatura y crítica de la actualidad, sobre todo de los temas municipales del momento. Además de una crítica de costumbres en general y sin personalizar es, a veces, una protesta satírica contra las actuaciones del Ayuntamiento y de otras instituciones locales. En realidad, los “actores” no son responsables de las demandas, ya que cualquier persona puede enviar un texto que, de ser seleccionado, se representará dejando a su autor en el anonimato.

Una de las figuras más características que aparece en las Fiestas de Graus es el Furtaperas, íntimamente relacionado con la Mojiganga. El Furtaperas es un muñeco de articulaciones dobles que se cuelga durante las fiestas de un madero en la fachada del Ayuntamiento, desde cuyo interior se le hace girar para que dé volteretas en todas direcciones. Según dice la tradición, se colgó por robar siete peras condenado por los Reyes de la Mojiganga. Según el antropólogo Manuel Benito, el Furtaperas “simboliza el invierno que, si se prolonga, evitará la obtención de los frutos en el nuevo ciclo agrícola. Nos robará las peras”.

Albadas

En Graus las albadas son consideradas como los cantos más arraigados, los más profundamente tradicionales de todos.


Se interpretan durante la madrugada del 15 de septiembre en una ronda grupal. Tienen paradas obligatorias en lugares de importancia histórica o en casas que han sido habitadas por personajes relacionados con las Fiestas de Graus. Allí, la ronda se detiene y un solista canta a capella la letra de una albada, repitiendo el coro que le acompaña los dos últimos versos y el estribillo.

Durante los desplazamientos entre una parada a otra, la gaita entona una melodía de ritmos contrastantes.

Aunque originariamente las albadas tenían como tema principal el amor -todavía se conservan algunas en Graus-, posteriormente fueron apareciendo otras de carácter religioso o de exaltación de los valores del pueblo.

El origen de estos cantos parece relacionado con un fenómeno común a muchos pueblos del norte peninsular, que bajo distinta denominación y funcionalidad, tienen un común denominador. Son piezas líricas tradicionales cantadas con motivo de romerías, carnavales, entrada de la primavera, canciones de pastor o alboradas, canciones interpretadas al alba que parecen relacionarse íntimamente con las albadas grausinas. También se aduce su origen musulmán, debido a su relación formal y estilística con las jarchas.


Aquí tenemos una de las albadas más emotivas, escrita además en aragonés bajorribagorzano.

A la cama on tú duermes
fan ñedo las cardelinas
y con sus trinos mos dicen
qu’é la gloria on tú te chitas.

Después de cada albada se canta en grupo una despedida, formada en la actualidad por cuatro diferentes. Ésta es la más antigua y representativa:

Adiós, Marieta del alma,
que me voy a mi retiro.
Mañana me hallarás
de tus amores cautivo.

Dances

Los bailes interpretados durante las fiestas de Graus tienen variado origen y responden a distintas justificaciones. La principal diferenciación entre ellos la provoca el aspecto formal. 

Mientras que dos de ellos están exclusivamente compuestos por hombres que utilizan de palitroques y espadas para su definición, el otro es un baile de composición mixta, de variadas mudanzas y menor recorrido histórico. Éstos son:

BAILE DE LOS PALITROQUES


Sucesor de los primitivos bailes de fertilidad que se interpretaban en los lugares de laboreo, los danzantes se golpean figuradamente con los palos. Únicamente se interpreta durante la Llega, la tarde del día 14 de septiembre.


BAILE DE LAS ESPADAS

De origen íbero para algunos autores, el baile de las espadas de Graus está considerada una de las manifestaciones folclóricas mas antiguas de España. Además de su carácter guerrero, a los bailes de espadas se les atribuyen otras cualidades: medicinales, por cuanto se les concedían propiedades curativas de algunos males y dolencias; para conjurar los espíritus que atraían las tormentas, al dar tajos al aire; e, igualmente, de fertilidad.

El baile se interpreta en tres mudanzas, tres coreografías muy diferenciadas conocidas como La cardelina, Taninana o Allá arriba y La culebreta.


En La culebreta, a modo de serpiente, los danzantes se colocan en línea y van cruzándose en zigzag hasta formar dos columnas paralelas. Anteriormente a esta mudanza, en La cardelina se produce la entrada a la Plaza Mayor y se realiza el baile sin moverse del sitio y en el cambio de música del Allá arriba se abren las cuadernas repartiéndose por la plaza y dejando en el centro a los repatanes junto a la cuaderna del medio. Este último baile es el más vistoso por la composición y el movimiento de todos los danzantes.

El baile es interpretado por veintidós hombres distribuidos en cinco cuadernas de cuatro, a los que se suman los dos repatanes. Los repatanes llevan un palo floreado al estilo de un árbol -mayo-, mientras que cada uno de los danzantes portan dos espadas. Cuatro cuadernas visten el tradicional traje de danzante de Graus, y la otra, la tercera o “del medio” luce el antiguo “traje de volantes”.

BAILE DE LAS CINTAS


El baile de las cintas es más moderno que el de los palitroques y espadas. Según la tradición oral, se introduce en la tradición grausina en la segunda mitad del siglo XIX (1.876), de la mano del grausino Vicente Mur y coincidiendo con la difusión de la polca por toda Europa. Se le relaciona con el antiguo y ya desaparecido baile de “las Sayas”, entroncado en los bailes alrededor del árbol-mayo, florido y con cintas, cuyo origen se remontaría a las sociedades europeas prerromanas.

El baile se acompaña musicalmente de una polca. Se han utilizado varias a lo largo de los años dependiendo de los grupos instrumentales que tocaban, pero son dos las que se han perpetuado en la tradición. “La polca Vieja” (interpretada con trompa de la Ribagorza y tambor) y “La polca Nueva” o “La Zaida”, interpretada por banda de música, y que es la que actualmente se utiliza.

Antiguamente, la bailaban la cuaderna “del medio”, ataviados con el tradicional “traje de volantes”, cambiando en 1947 a ocho parejas mixtas, y a su vez los trajes de danzantes por el traje tradicional grausino, una variante del aragonés.


Este baile se compone de las siguientes mudanzas:

Las Cintas, donde las parejas bailan en torno a un árbol-mayo, florido y con cintas, trenzándolas y destrenzándolas; El Pasamanos, en el que los danzantes bailan en círculo cruzándose unos con otros y girando sobre sí mismos cogidos de las manos; El Canastillo, en el que las ocho danzantas –luego los danzantes- se desplazan al centro del círculo para bailar girando alrededor de un aro; Los Saludos, cuando las parejas una por una danzan por el interior del círculo saludando al resto de las parejas; y, por último, El Cruce y La Recogida, donde las parejas abandonan la formación en círculo para adoptar otra de parejas seguidas, separándose en filas de hombres y mujeres, y cruzándose entre sí para acabar siendo recogidos por los repatanes y finalizar así el baile.

LA INDUMENTARIA

Los trajes que se lucen durante los actos tradicionales de las Fiestas de Graus son variados, dependendiendo de la ocasión y el dance.


En el dance de espadas, bailado sólo por hombres, existen diferencias notables. Cuatro de las cinco cuadernas de danzantes visten pantalón blanco, camisa blanca, faja azul, cintas rojas, zapatillas veteadas en rojo y sombrero adornado de flores, como símbolos de la vegetación y la abundancia, encontrando pues relación con la fertilidad. Sin embargo, la cuaderna conocida como del medio viste el conocido como traje de volantes, un pomposo vestido con encajes, medias ajustadas, guantes, collares y sombreros floreados. Dos danzantes en color azul celeste y otros dos en rosa pastel. Hay diversas teorías acerca del significado de estos trajes, que suelen emparentarse con la figura femenina y los mencionados ritos de fertilidad. Por último, los repatanes, que toman su nombre de los antiguos pastores mayores, y que también participaban en la perdida Pastorada, visten trajes de pantalón y chaqueta de terciopelo negro, con sombrero floreado. También portan un palo con flores que simula un mayo. 


En el baile de las cintas los danzantes, hombres y mujeres, visten con el traje tradicional aragonés, entendiendo como indumentaria tradicional la forma en que se vestían las clases populares durante el siglo XIX y hasta bien entrado el XX. Durante este período la población aragonesa, al igual que ocurría en buena parte de la Península Ibérica, formaba parte de una sociedad preindustrial dedicada a labores agrícolas y ganaderas. El clima y las condiciones del terreno determinaban los materiales textiles y las prendas sujetas a sus necesidades, que adaptaron su traje a cada circunstancia. El traje de varón consta de calzón, chaleco y faja, junto con un pañuelo anudado en la cabeza. El de mujer, que presenta ciertos rasgos autóctonos, está compuesto por una falda roja de vuelo decorada con dibujos en negro y una blusa blanca con corpiño negro. Éstas llevan el pelo recogido por un moño y unos claveles decoran su tocado. 


Precisamente teniendo en cuenta la riqueza de la indumentaria de fiesta en Graus, y el apego y entusiasmo de las familias de la localidad por vestir incluso a los más pequeños, el Ayuntamiento de Graus está tratando de organizar un taller de empleo dedicado a la confección de trajes de fiesta tradicionales, tanto de Graus como del resto de la comarca y Aragón.
 

LAS MÚSICAS

La música y la fiesta se encuentran íntimamente ligadas, y las fiestas de Graus no son una excepción. Música y baile se constituyen en protagonistas del entramado festivo de la villa.


El imaginario colectivo local sitúa a los gaiteros de Caserras en un puesto preeminente de la música tradicional grausina. Aunque hace más de cien años que dejaron de venir, todavía se recrea el acto de su llegada en la famosa “espera de la gaita”, un acto hoy multitudinario en el que los grausinos y grausinas se acercan al Puente de Abajo a esperar a los gaiteros de hoy, que aparecen por el camino por el que llegaban aquéllos. 


La afición de los grausinos por la música, gracias a formaciones como el Orfeón (década de 1910) o la banda (década de 1920 hasta la Guerra Civil), hizo que los gaiteros de Caserras fueran pronto sustituidos por los músicos locales. A partir de la Guerra, las bandas militares e, inmediatamente, las orquestas, se encargarían de la interpretación de la música de baile. Prácticamente ésta se ha ido manteniendo hasta hoy en día, conviviendo con los instrumentos tradicionales, los encargados de acompañar al dance y las albadas. La banda ocupa un puesto intermedio, ya que acompaña a las procesiones, interpreta la diana y también pone la música al tradicional Baile de las Cintas.


De este modo, la música suena durante todas las fiestas. Desde la tarde del día 12 hasta la mañana del 15. Desde la espera de la gaita hasta los bailes infantiles.

LOS INSTRUMENTOS


Los instrumentos tradicionales que se emplean para las melodías populares de las fiestas de Graus son la gaita, la llamada trompa de Ribagorza, la dulzaina y el tambor.


La gaita aragonesa, conocida como bot haciendo referencia a una de sus partes, es muy similar en todas sus versiones. El boto es un almacén de aire, un odre hecho con pellejo entero de cabra cubierto por un vestido de cretona con volantes. En el cuello y las dos patas delanteras se insertan sendas piezas, cepos, que portarán los dos tubos sonoros y el de insuflación.


La trompa de Ribagorza es de mayor tamaño. Es un aerófono de lengüeta doble que nos recuerda a los primitivos oboes. Existen referencias precisas de su existencia en el siglo XVI, aunque su forma actual es del siglo XVIII.


La dulzaina es el último instrumento de este terceto. Es de menor tamaño y es también de doble lengüeta.


El tambor, más conocido como caja o tamboril, está compuesto por una caja de resonancia que golpeada por dos baquetas lleva el ritmo de la melodía de las gaitas.


Utilizados también de modo instrumental, los danzantes hacen sonar sus palos y/o espadas, o dan palmas.


Existe una asociación en Graus que ha recuperado la gaita y la trompa de esta zona baja de la Ribagorza, con un exhaustivo trabajo de documentación y, sobre todo, con un objetivo cumplido: que la gaita de Graus vuelva a sonar.

La Fiesta


En la actualidad las Fiestas de Graus, del 12 al 15 de septiembre, se componen de varios y variados actos principales que, por orden cronológico, serían: la espera de la gaita; las procesiones de los santos patronos; las actuaciones de los dances; las acciones de los cabezudos, gigantes, caretas y caballez; la sátira de la Mojiganga; la Llega; y el canto de las Albadas. Si bien, los actos que complementan el festejo dan comienzo el fin de semana anterior a la fecha de inicio de las Fiestas de Graus, por lo que su calendario es variable.

Es importante diferenciar cada uno de los actos desarrollados durante el programa festivo, por lo que haremos aquí un seguimiento pormenorizado de su estructura:

El primer acto importante es el pregón y presentación de los repatanes y repatanas, que tiene lugar el sábado anterior al día 12. Es un acto nocturno celebrado en la Plaza Mayor.

El día 10, por las calles de toda la población se desarrolla la Ronda, en la que la rondalla, con los cantadores, dedica sus Jotas a las repatanas, mozas, danzantes y Autoridades.



El mismo día de comienzo de fiestas tiene lugar la cabalgata que como reza la canción A las doce del día 12 las campanas voltearan... da inicio a la comparsa de gigantes, cabezudos, caretas y caballez.


El grueso de las Fiestas de Graus tiene lugar durante los días que se festeja a los dos santos patronos, San Vicente Ferrer el 13 de septiembre, y el Santo Cristo el 14, al día siguiente. El propio calendario de actos ha sido cambiante, enriqueciendo la propia conformación del evento, y hoy se aglutinan en estos días las procesiones por ambos santos, los bailes en la plaza, la Mojiganga, la Llega y las Albadas.

Para finalizar las Fiestas, el día 15 por la tarde, se homenajea a la Ribagorza -territorio histórico y comarca administrativa de la que es capital Graus-, con la entrega de los premios Calibo en reconocimiento a la labor realizada por personas y colectivos ribagorzanos en ámbitos como la empresa o la cultura.

Historia

Las Fiestas de Graus están conformadas por una serie de actos populares y tradicionales que probablemente comenzaron a configurarse durante el siglo XV tras la visita a la localidad del dominico Vicente Ferrer en 1415. El donativo que hizo a la villa de uno de los crucifijos que portaba su congregación, la instauración de la procesión de penitentes, la constitución de las primeras cofradías y la posterior beatificación del valenciano (1455) serían los elementos principales en la tamización católica de antiguos ritos paganos, aun cuando la fortaleza de éstos fue tal que provocó el sincretismo de ritos que podemos encontrar hasta hoy.


Se trata, pues, de un conjunto de representaciones en las que se mezcla el carácter profano con el religioso, y que se han ido manteniendo, creciendo y variando a lo largo del tiempo hasta la actualidad sin apenas merma en su esencia. Estas representaciones ceñidas a la historia y a la tradición de la población que las ha mantenido y sustentado, han configurado unas fiestas únicas en el mundo, enriquecidas por el carácter y el sentimiento de un pueblo que las ha sabido preservar y atesorar durante siglos. Por todo esto, las Fiestas de Graus no son sólo una celebración popular sino que revelan toda una catarsis identitaria colectiva.

La canonización de Vicente Ferrer estableció su celebración el día 5 de abril, fecha de su muerte. A partir de esa fecha en Graus se tomó por tradición la celebración de una procesión de penitentes el primer domingo de abril -luego todos los primeros domingos de mes-, que ha perdurado, invariable, hasta hoy.

Por otro lado, la Iglesia se encargó en Occidente de cristianizar toda una serie de celebraciones anteriores, a menudo relacionadas con el calendario agrícola, que en muchas ocasiones siguieron conservando algunos de sus rasgos. Éste es el caso de la Santa Cruz, que en Graus coincidiría con la finalización de la mayor parte de cosechas y que, posiblemente como consecuencia de la donación del crucifijo vicentino, pasó a colocarse en primera línea de las celebraciones de la población.


La Iglesia y también el sentir popular harían el resto, sumando y antecediendo a la fiesta de la Cruz la del santo varón, ya que muchos años coincidiría con las celebraciones de Pascua, y trasladando igualmente a la fiesta de San Vicente rasgos festivos que parecen tener su origen en las celebraciones del Corpus, y como son los gigantes y los bailes de los mozos, documentados desde el siglo XVIII.

En cualquier caso, toda esta asimilación de elementos no enterró muchos de los gestos del Carnaval y el teatro popular que todavía encontramos entremezclados, y que son el principal valor de estas fiestas.